La investigación publicada por Los Angeles Press interpreta la liberación de Israel Vallarta como la confirmación de que el caso Florence Cassez–Israel Vallarta fue una fabricación del Estado, producto de un montaje mediático orientado a encubrir prácticas sistemáticas de fabricación de culpables. Aunque esa lectura se apoya en hechos documentados, no refleja con precisión el alcance ni el sentido de las resoluciones judiciales ni de los posicionamientos institucionales que rodean el caso.
Lo que sí está acreditado
La escenificación televisiva de la detención ocurrida en diciembre de 2005 cuenta con respaldo documental. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos reconoció irregularidades en la puesta en escena del operativo, así como violaciones al debido proceso. Asimismo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que esas violaciones afectaron el derecho a un juicio justo en el caso de Florence Cassez, lo que condujo a su liberación.
Estos elementos forman parte del registro institucional del caso. Sin embargo, no explican por sí solos toda la complejidad jurídica ni política del expediente.
Ninguna resolución judicial ni recomendación oficial concluyó que los secuestros denunciados fueron completamente inventados. La existencia de irregularidades procesales no equivale jurídicamente a la inexistencia de víctimas. Por el contrario, los expedientes judiciales y las posturas institucionales posteriores, incluida la de la Fiscalía General de la República, sostuvieron reiteradamente que hubo personas que se identificaron como víctimas de secuestro.
Este matiz suele perderse en narrativas que presentan el caso como una “cortina de humo” absoluta, cuando en realidad el problema central radicó en la incapacidad del Estado para sostener un proceso penal válido, no en la demostración concluyente de que los hechos delictivos nunca ocurrieron.
Cassez no fue declarada inocente
La SCJN no declaró inocente a Florence Cassez por el fondo del caso. La Corte ordenó su liberación por violaciones al debido proceso. Presentar esa resolución como una absolución plena o como prueba de una invención total reduce de manera excesiva el alcance de una decisión estrictamente procesal.
Desde una perspectiva legal, el caso expone un fracaso estructural del sistema de justicia, no una verdad histórica cerrada sobre la inexistencia de los delitos.
Israel Vallarta y la disputa por el relato político
La liberación de Israel Vallarta Cisneros ocurrió el 31 de julio de 2025. Una jueza federal determinó que la Fiscalía General de la República no acreditó su responsabilidad penal, al concluir que las pruebas presentaban irregularidades graves.
La lectura pública de esta liberación se integró con rapidez al discurso político del actual gobierno, especialmente en la narrativa de contraste con el pasado. Bajo esa óptica, el caso Vallarta funciona como símbolo de los excesos cometidos durante la gestión del exsecretario de Seguridad Genaro García Luna.
No obstante, un análisis político más amplio permite cuestionar si la liberación de Vallarta opera también como recurso narrativo para reforzar la idea de que todos los males provienen de los gobiernos anteriores, mientras se diluyen las responsabilidades del presente. Este planteamiento no busca negar las fallas del pasado ni exculpar a actores como García Luna.
En ese marco, la liberación de Vallarta puede leerse no solo como una decisión judicial legítima, sino también como un episodio funcional al relato político de la Cuarta Transformación, que privilegia la denuncia del pasado por encima de una rendición de cuentas clara sobre lo que se ha logrado corregir en el presente.