El sargazo volvió a extenderse por las costas del Caribe y el golfo de México con una intensidad sin precedentes. La proliferación del alga afecta playas, reduce la actividad turística, altera ecosistemas marinos y obliga a gobiernos y comunidades a destinar más recursos para contener sus efectos.
Un informe del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida reportó que durante julio se contabilizaron cerca de 27 millones de toneladas de sargazo vivo en el Atlántico, el Caribe y el golfo de México, una cantidad que confirma la persistencia de este fenómeno ambiental.
Sargazo crece directamente en el Caribe
Los investigadores detectaron por primera vez grandes concentraciones de sargazo desarrollándose directamente en el Caribe y el golfo de México, en lugar de llegar únicamente desde África occidental impulsadas por las corrientes oceánicas.
Brian Barnes, científico marino de la Universidad del Sur de Florida, explicó que la enorme floración registrada en 2025 nunca desapareció por completo, lo que permitió el surgimiento de nuevos bancos de algas durante este año.
Los especialistas también relacionan este crecimiento con el aumento de la temperatura del agua, la escorrentía agrícola y los cambios en las corrientes, los vientos y las lluvias.
Turismo y ecosistemas enfrentan un impacto creciente
Las playas cubiertas por el alga desprenden un fuerte olor durante su descomposición y alejan a miles de visitantes. En Quintana Roo, empresarios locales estiman que las ventas disminuyeron alrededor de 30 % durante el primer semestre del año. El Gobierno de México anunció una inversión de 115 millones de dólares para enfrentar el problema, aunque actualmente solo logra recolectar unas 1,200 toneladas diarias frente a jornadas en las que llegan hasta 9,000 toneladas.
Puerto Rico también enfrenta una temporada histórica, mientras las Islas Vírgenes de Estados Unidos registran algunas de las mayores acumulaciones de los últimos años.
Los científicos advierten que el alga reduce el oxígeno del agua, bloquea la luz que necesitan los corales y las praderas marinas, afecta los manglares y dificulta que las tortugas recién nacidas lleguen al mar.
Además, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos alertó que los gases liberados por el sargazo en descomposición pueden provocar náuseas, dolores de cabeza e irritación pulmonar.
Pese a ese impacto, algunos proyectos aprovechan el alga para producir composta y bioenergía. Investigaciones recientes también identificaron, mediante inteligencia artificial, que las floraciones de macroalgas crecieron más de 13 % cada año entre 2003 y 2022.